lunes, 13 de octubre de 2008

HOY QUIERO HABLAR DE DIOS

Quiero hablar de Dios, pero no de la forma como tradicionalmente se viene hablando, de forma acomodada e ignorante, sin vergüenza por lo que las personas con mucha inteligencia puedan imaginar o percibir, buscando aprovecharse de las mentes sencillas cuya única búsqueda es la de una vida mejor.

Ese Dios del que ellos hablan no es el verdadero Dios, es un espejismo materialista de la verdad porque él sólo busca lo suyo sin esperar a los demás, sólo existe para satisfacer deseos reprimidos e intenciones de dominación emanadas de las mentes de sus precursores. Ese es el Dios del que hablaba Nietzche como creación de la mente humana, el Dios que sólo escucha a los sacerdotes, levitas y pastores, y que se olvida una y otra vez de sus feligreses dejando todo a la casualidad simplemente porque ESE DIOS NO EXISTE.

Ese existe en un mundo humanamente idealizado, construido en la ignorancia, con una inmensa nube rodeándolo para que nadie le vea, para que nadie se dé cuenta que es una mentira, un engaño, una invención de aquellos que han gobernado el mundo y lo quieren mantener bajo su yugo, rechazando el mensaje mesiánico y convirtiéndolo a su propia concupiscencia, destruyendo todo lo que hay a su alrededor justificándose en una supuesta orden que dice señorear y sojuzgad entendiendo con ello que les fue ordenado aprovecharse de todo sin miramiento, apoderarse de la creación y dominarla, olvidándose de la parte que dice sujetar las pasiones a la razón y mandar sobre las acciones propias y adoptar gravedad y mesura en sus acciones.

Porque el hombre domina todas las cosas que fueron creadas, pero no es capaz de señorear sobre sí mismo puesto que existe un desorden espiritual en su vida que le impide desarrollar la facultad del entendimiento de su verdadera naturaleza, lo que le está llevando a la destrucción, no por obra de la mano divina o maligna, sino por la propia desnaturalización de su ser.

Y es esa misma pérdida de la naturaleza humana la que le está llevando a convertirse en una plaga que, cuando necesita justificarse, se inventa dioses y diosas permisivos, con actitudes y apetitos humanos, sin respeto por lo natural y de un porte eminentemente artificial. Son esos los dioses que están destruyendo al mundo con el engaño, la traición y la ignorancia, pero son los dioses que el hombre quiere y no los va a abandonar para que “Sus obras no sean manifiestas”.

Ello se convierte en un espejismo de la verdad al no permitir reconocer que es mentira, porque el ansia humana de dominación y el voraz apetito de poder ciegan sus mentes y sus corazones. Es así como el hombre religioso no se pierde un servicio y no abandona su vida eclesiástica o de reuniones espirituales por cuanto sería pecado, dejando de lado su propia vida para unirse a una búsqueda infructuosa que, aunque reconozca que no le está llevando a ningún lado, no está dispuesto a abandonar porque es incapaz de tomar control de su propia existencia.

Sentimientos y sensaciones como el amor, el odio, la pasión, la lujuria, la felicidad, el gozo, la tristeza, entre otros, se desarrollan en esa misma capacidad, perdiendo el equilibrio lógico y llevando a cada ser humano a su autodestrucción. El entendimiento del origen y fin de cada uno de ellos podrá permitir a la humanidad un desarrollo espiritual más profundo, un autoconocimiento más completo y por ende, un mejor entendimiento del carácter divino de nuestra verdadera humanidad.

Jesucristo dijo:”A Dios nadie le vio jamás, el hijo que está en el cielo, él le ha dado a conocer”, por lo tanto es necesario, antes de hablar de Dios y de pretender describirle, elevarse espiritualmente, alcanzar el nivel suficiente para poder ver cara a cara al creador del universo y salir, de una vez por todas, de la ignorancia y descubrir cuál es el objetivo de la existencia de éste ser en el cosmos, con la plena certeza de que lo que estamos conociendo no es un espejismo ni un invento de nuestro ego, sino que es el mensaje verdadero porque de Dios lo estamos escuchando, sin intermediarios y sin tratamientos mentirosos.

El apóstol Juan entendió esta situación y escribió en su primera carta;”No tenéis necesidad de que nadie os enseñe”, indicando que Dios mismo estaba enseñando a los que en verdad creen en Él y le buscan, y Jesucristo dijo claramente:”Porque muchos vendrán en mi nombre” y el mismo los llamó hacedores de maldad.

Por tanto se hace necesario abandonar todo conocimiento y buscar ordenar primero nuestro ser para así poder presentarnos dignos de entrar a la presencia del altísimo, a su morada santa, allí donde toda duda es esclarecida y toda pregunta es respondida. Es por ello que les invito a ser mejores cada día y a superar la barrera del yo soy y yo tengo basado en el ego, por el yo puedo y yo busco basado en el espíritu, para poder acercarnos a la divinidad.

Aquí hay muchas ideas que iré desarrollando poco a poco más adelante.

Gracias.